Faro

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No te vas a arrepentir de conocer los encantos de Faro, la capital del Algarve. En las calles sin coches ni prisas, las terrazas te invitan a descansar. Empecemos por conocer su etimología: Faro deriva de Ibn-Harun, nombre de la familia árabe que la gobernaba en el siglo XI. Como ciudad cargada de historia, en el centro histórico es donde se concentra la mayoría de los edificios destacables de la localidad. Fuera de este perímetro, Faro se descubre un tanto diferente, ya que fue totalmente renovada después del terremoto que la asoló en 1755, por nobles y burgueses que construyeron palacios y casas señoriales, o solemnes edificios como el romántico Teatro Lethes. Podemos iniciar el recorrido por el puerto. Aquí está el Arco da Vila, el acceso tradicional a la Cidade Velha, el barrio amurallado medieval que reúne muestras arquitectónicas de diferentes siglos. Este portal monumental, que constituye una de las puertas medievales de la ciudad, fue construido por orden del obispo Dom Francisco Gomes de Avelar en el siglo XIX, según un proyecto realizado por el arquitecto italiano Francisco Xavier Fabri, y fue inaugurado en 1812. El exterior está decorado con un nicho con la imagen de Santo Tomás de Aquino, de origen italiano. Es un buen ejemplo del neoclasicismo italiano en el patrimonio algarvío. En el interior también podemos ver la puerta Árabe. Formaba parte de las antiguas murallas musulmanas y era la entrada a la ciudad para quien accedía a ella por el mar. Se considera que es un ejemplo único de arquitectura árabe en Portugal, teniendo en cuenta el buen estado de conservación y el hecho de que se encuentre aún en su lugar de origen.