Segovia

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985, Segovia alberga importantes monumentos de su pasado romano y medieval. Roma la conquistó en el siglo I, convirtiéndola en un emporio militar admirado por todo el Imperio. A la caída de este, los pueblos bárbaros la asediaron hasta que fueron sometidos por los árabes. Con Enrique IV rey de Castilla y hermano de Isabel, la ciudad se convirtió en un importante enclave de intercambio con Europa gracias a su riqueza ganadera y su industria de paños. La ciudad guarda la impronta de tres culturas, cristiana, judía y musulmana, en sus estrechas calles y su arquitectura tradicional. Buena muestra de esta herencia es el paseo del Azoguejo (diminutivo de zoco) que, durante siglos, fue la plaza mayor, cruce de comunicaciones, lugar de encuentro comercial y social y centro de contratación entre los comerciantes. Ciudad para ver despacio y a la que volver, Segovia, sobresale por su riqueza artística y monumental, por la transparencia de su luz, por la diafanidad de la atmósfera que la envuelve y por la frondosidad del arbolado que la rodea y que, al contrastar fuertemente con los ocres de la lastra reseca, la exalta como un oasis de verdor. La historia de Segovia está intrínsecamente relacionada con la de Isabel de Castilla. El 13 de diciembre de 1474, tras la muerte de su hermano el rey Enrique IV, Isabel fue proclamada reina de Castilla junto a la iglesia de San Miguel. El Alcázar fue residencia real y la catedral fue testigo de su encuentro con su esposo Fernando. Además del rico patrimonio medieval, hay que visitar su espléndido acueducto romano.