Albufeira

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No es lo mismo visitar El Algarve en pleno verano que hacerlo el resto del año. Fuera de la temporada turística, hay pueblos en los que el tiempo parece haberse detenido. No es el caso de Albufeira, un destino muy turístico y con algunas de las mejores playas del Algarve. Las calles del centro histórico, el antiguo cerro da vila, todavía conservan lo pintoresco de su pasado árabe, con sus casitas pintadas de blanco, su olor a jazmín o sus estrechos callejones; entre ellos, no hay que perderse el callejón de la Iglesia Vieja, donde existió una antigua mezquita y la primera iglesia del pueblo. La iglesia de Nuestra Señora de la Concepción es una construcción del siglo XVIII de estilo neoclásico y fachada blanca situada en el casco histórico en un plano más elevado que las calles que la circundan. Su interior es de nave única con varias capillas laterales. Entre sus elementos más destacados se encuentran un retablo de un autor local y una imagen de la Virgen de la Concepción, patrona de Albufeira. También puedes acercarte al Museo Municipal Arqueológico si deseas conocer el desarrollo de la región de Albufeira desde la prehistoria hasta los siglo XVI y XVII. En los barcos varados en la playa, pintados de fuertes colores que contrastan con el azul del mar, los pescadores, ajenos a los turistas que se broncean al sol, continúan, como desde hace milenios, su labor de preparación de las redes. Un recorrido a pie junto a la orilla del mar por el paseo marítimo ofrece magníficas perspectivas de la ciudad, las playas y las formaciones rocosas, terminando en la bella gruta de Xorino que, según la tradición, fue refugio de moros durante la reconquista de la ciudad en el siglo XIII (1240). Aquí también buscaron refugio los revolucionarios cuando llegaron los miguelistas a la ciudad. Alcanzaron la gruta por un túnel subterráneo y desde allí navegaron hasta Faro en bote.