Lisboa

La capital portuguesa es un compendio de historia. Musulmana, judía, católica, sus barrios forman un laberinto que transmite la saudade de sus fados y cautiva sin proponérselo. Lo mejor para conocer la ciudad es organizar el recorrido por barrios de manera lineal. La Alfama es el barrio popular con más sabor y color de Lisboa. Respira decadencia y melancolía por todas partes: ropa tendida, fachadas desconchadas y vistas fabulosas. Colindantes con Alfama se hallan los barrios Madalena y Sé, la parte medieval de Lisboa. Por su parte, A Baixa es el barrio más dinámico, situado entre la Alfama y el Bairro Alto, en el lugar que, como su nombre indica, la ciudad se encuentra con el río. Entre los barrios más singulares de Lisboa, no hay que dejar de visitar El Chiado. Hacia el oeste entramos en el Bairro Alto, un dédalo de calles muy comerciales y también uno de los centros de vida nocturna de la ciudad, con muchos locales especializados en fado. Otro de los barrios de Lisboa que habrá que visitar es Belém, un singular mundo aparte dentro del centro de la ciudad. Se sitúa a seis kilómetros de A Baixa, en el lugar donde el gran estuario del Tajo se abre al mar. Tuvo una importancia capital en la época de los descubrimientos y contiene algunos de los monumentos y museos más emblemáticos de Portugal, aunque, sin duda, la estrella es el monasterio de los Jerónimos. Finalmente, visitaremos también la cara más moderna de Lisboa: la avenida da Liberdade, el Parque das Nações, el puente Vasco de Gama y el palacio de Queluz. Y es que al margen de la decadencia encantadora que a menudo se atribuye al sabor de Lisboa, a sus barrios y a sus calles, la ciudad se dibuja, en muchos de sus parajes, como emblema de una modernidad impoluta.