Sintra

El entorno maravilloso de Sintra, situada a treinta kilómetros de Lisboa, esconde como un tesoro los palacios de esta ciudad monumental, Patrimonio de la Humanidad desde 1995 y, en su día, ciudad predilecta de los monarcas portugueses para su retiro veraniego. La estrechez de sus calles adoquinadas y sus pendientes exigen un buen calzado, aunque siempre podemos recorrerla en carruaje. Rodeada de bosques y manantiales, el paisaje de Sintra fue definido por el poeta inglés Lord Byron como el más agradable de Europa. Es recomendable comprobar el programa de actos del Festival Internacional de Música y Danza de verano, ya que diversas representaciones se celebran en palacios y villas inaccesibles en otras circunstancias. Uno de los grandes atractivos turísticos de Sintra se esconde en el casco antiguo: el Palacio Nacional. Presenta trazos de arquitectura medieval, gótica, manuelina, renacentista y romántica. Es considerado un ejemplo de arquitectura orgánica, con un conjunto de cuerpos aparentemente separados, pero que forman parte de un todo articulado entre sí a través de patios, escaleras, corredores y galerías. Destacan sobre todo dos altas chimeneas cónicas de la cocina de dicho palacio, que se conserva intacta, y las salas dos Brasões y dos Cisnes, que muestran decoraciones y artesonados suntuosos. Dejamos atrás las casitas bajas del centro y vemos cómo las laderas de la sierra empiezan a empinarse hasta llegar al Parque da Pena y al castillo de los Moros, fortificación medieval que se recorta sobre las rocas y cuyas piedras guardan secretos de los templarios. A espaldas de la sierra descubrimos el palacio da Pena, edificado con traza romántica por el príncipe alemán Fernando de Saxe Coburgo-Gotha.