Mojácar

La inconfundible silueta blanca trepando por la ladera deja entrever desde la lejanía la belleza que encierra Mojácar, uno de los pueblos con más encanto de la costa levantina almeriense. Su arquitectura popular de casas blancas, sus playas y su paisaje son su mejor reclamo turístico. Mojácar se extiende por una colina en las estribaciones de la sierra de Cabrera. La impronta musulmana se respira en sus empinadas calles, estrechas y laberínticas, en la cal de sus casas y en las coloridas flores que ornan sus fachadas. Pero si algo es verdaderamente representativo de esta localidad, eso es el indalo, un símbolo que representa a un niño que sostiene un arco (o el firmamento), y que se puede encontrar decorando la fachada de las casas y en todas las tiendas de regalos. Para visitar Mojácar hay que olvidarse del coche y disfrutar del encanto de su medieval arquitectura árabe. Un pueblo para perderse, para descubrir en cada pequeño detalle los susurros del pasado. Mojácar, con sus casas encaladas de frescos zaguanes, conserva intacto su casco antiguo de calles sinuosas y empinadas.