Albi

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Albi es conocida por ser la cuna del catarismo y lugar de nacimiento de Toulouse Lautrec. Llegar a Albi es como adentrarse en una fotografía antigua, en la que las tonalidades ocres y rosas tiñen todas sus fachadas, sin diferenciar entre la sacralidad de la catedral-fortaleza, la solidez de su puente antiguo o la arquitectura renacentista de los palacetes repartidos por el Vieil Alby. En la ciudad reinan todos los matices del rojo debido a los pigmentos de las arcillas del río Tarn. Sin embargo, hacia el siglo XV, la villa era la capital del azul, gracias a la magia de una planta, la Isatis tinctoria, de cuyos pigmentos se obtenía una tintura muy valiosa que ayudó a la expansión del Renacimiento por Occitania. La villa, de origen romano, debe su importancia a la implantación de un arzobispado en el siglo IV. Los barrios más antiguos (Castelviel, Saint-Salvi, Combes-berges du Tarn y Castelnau) se fueron articulando alrededor de los lugares de poder: la catedral y el palacio de los arzobispos. La construcción del Pont-Vieux, en el siglo XI, permitió el crecimiento comercial y la extensión de los arrabales sobre la orilla derecha del río Tarn. Después se desarrollaron otros barrios al sur y al este (Verdusse y Vigan) y en el siglo XII se elevó una muralla alrededor de la ciudad. Pero el gran momento de Albi fue el siglo XIII, cuando el catarismo sacudió el sur de Francia. Después de que San Bernardo predicara en la ciudad, se tildó de herejes a sus habitantes. Europa entera dio el nombre de albigenses a los cátaros y lanzó una cruzada contra ellos entre 1208 y 1229 liderada por Simon de Monfort. Sin embargo, Albi siguió fiel a la Iglesia. Los arzobispos, convertidos en señores de la ciudad, hicieron erigir el palacio-fortaleza de la Berbie y una catedral con líneas austeras, símbolos de su poder y de su victoria sobre la herejía cátara. A partir del siglo XV, Albi gozó de un periodo floreciente gracias al comercio del azafrán y, sobre todo, al de la Isatis tinctoria. La ciudad creció y se construyeron hermosas mansiones renacentistas. En el XVIII Albi adquirió un nuevo rostro debido a la demolición de las fortificaciones y al acondicionamiento del muelle Choiseul, sin perder el aspecto original de Ciudad episcopal.