Oporto

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Subiendo hacia el Duero desde el sur hasta su desembocadura, nos detenemos junto a la orilla y al mirar enfrente surge ante nosotros la ciudad de Oporto. Asomada al río, se extiende perezosa hasta donde alcanza la vista, mientras se desliza y salta de colina en colina llena de brío, equilibrada sobre las escarpas graníticas en una eterna precariedad. Oporto, ciudad calurosa y de una belleza hecha de pequeños encantos, rápidamente encandila a quien la visita y contamina todos sus sentidos. Declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, el centro histórico reúne un conjunto de notables edificios que destacan, con su imponente granito, por encima de los tejados del viejo núcleo de carácter medieval. La Sé es el barrio donde nació Oporto y en torno al cual ha crecido la ciudad. Además de la visita a la catedral y a otras joyas del arte sacro, se encuentran también aquí algunas de las expresiones más auténticas del alma de Oporto. A Baixa es una segunda zona de expansión que se consolidó en el entorno del centro histórico. Fue durante muchos años el corazón de las actividades terciarias y comerciales y también del poder político, pero perdió progresivamente importancia económica ante la fuga de las empresas hacia zonas más modernas y de las tiendas hacia los centros comerciales de la periferia. A pesar de todo, cuenta con las principales calles de compras de la ciudad, los bares más emblemáticos (como el histórico Majestic) y las grandes salas de espectáculos. Sus edificios crean un curioso mosaico formado por diferentes estilos arquitectónicos, desde el neoclásico al art nouveau. El barrio de Ribeira era, hasta hace poco, el centro de ocio de la ciudad. Una reciente operación de rehabilitación urbanística ha creado las condiciones necesarias para su recuperación. En la otra ribera del Duero se encuentra Vila Nova de Gaia. Tenemos a nuestra espalda las bodegas del vino de Oporto y, más adelante, los típicos barcos rabelos colocados en línea a lo largo del río. Estos barcos conservan la memoria de antaño, cuando los toneles del néctar que dio a conocer el nombre de la ciudad por todo el mundo eran transportados río Duero abajo. Probablemente Miragaia sea el barrio histórico más típico de Oporto, aunque también el menos visitado por los turistas, puesto que no abundan los edificios monumentales, pero el conjunto es de una singular belleza.