Aix-en-Provence

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Capital histórica de Provenza, ciudad universitaria, ciudad de arte con un patrimonio arquitectónico extremadamente rico, Aix-en-Provence es una ciudad ideal para disfrutar y pasear. Su calidad de vida y su luz incomparable fascinaron a muchos artistas, y los admirables paisajes campestres inspiraron al pintor Paul Cézanne sus famosos lienzos a lo largo de su vida. El lugar recomendado para comenzar la visita a esta ciudad es la avenida Cours Mirabeau, con sus famosas fuentes. De todas ellas, la más célebre es la Fontaine de la Rotonde, que domina la entrada al paseo por el lado oeste. La plaza del Ayuntamiento, lugar de encuentro para los habitantes y turistas de la ciudad, acoge en su lado norte la caprichosa Tour de l’Horloge (1510), símbolo de la ciudad que se alza sobre cimientos romanos. Abriga un reloj astronómico de 1661, con cuatro estatuas de madera que simbolizan las cuatro estaciones. En el lado occidental de la plaza está el ayuntamiento, el Hôtel de Ville, de estilo italiano y construido entre 1655 y 1678 por Pierre Pavillon, y en el centro una fuente esculpida por Chastel, con una columna romana en su centro. El barrio de Saint Saveur se extiende desde la plaza del Ayuntamiento hasta la catedral de Saint Saveur y ocupa el emplazamiento de la antigua ciudad romana. La catedral, construida sobre el antiguo templo de Apolo entre los siglos V y el XVII, es un edificio francamente ecléctico, en el que sobresale su portada, en parte románica y en parte gótica. Aix-en-Provence rinde homenaje a su discípulo más sobresaliente en el Atelier Paul Cézanne, el último taller del famoso pintor nacido en Aix en 1839. Los grandes ventanales son buena prueba de que fue el mismo Cézanne quien diseñó el espacio. En el estudio hay un par de reproducciones, el caballete que utilizaba, una mochila, una capa, todos sus libros y muchos de los objetos que inspiraron sus bodegones.