Sitges

Es con toda probabilidad la más famosa de todas las poblaciones del sur de Barcelona. Destino turístico y también de sol y playa, Sitges cuenta con diecisiete playas de arena fina, dos de ellas situadas a poniente y de difícil acceso (la de la Desenroscada y la playa del Hombre Muerto), cuatro situadas a levante y once playas urbanas. Tanto las de levante como las playas urbanas cuentan con todos los servicios necesarios, pasarelas, señalización del estado del mar y en algunas ondea la Bandera Azul. Además, la ventaja de las playas urbanas de Sitges es que están muy cerca del Paseo Marítimo y que cada una de ellas tiene servicio de hamacas, chiringuitos para tomar un refresco e incluso un bocado.

Su ambiente tolerante y festivo deja espacio al cine de vanguardia cada otoño, cuando se celebra el Festival Internacional de Cine de Cataluña o en la fiesta más alocada cuando tocan los días de Carnaval. Esta imagen acogedora y mediterránea sedujo muchas figuras del Modernismo catalán. Entre ellas destaca Santiago Rusiñol, que hizo de la ciudad su hogar y el centro cultural de toda una época.

En 1892 Rusiñol construye su nueva vivienda en la villa sitgetana. Será el Cau Ferrat, refugio romántico de los poetas, pintores, músicos e intelectuales de la Cataluña de finales del siglo XIX. Esta aureola atrajo al millonario y mecenas norteamericano Charles Deering, quién mandó construir el Palau Maricel para albergar sus colecciones de arte. Este núcleo de edificios junto con la iglesia de San Bartolomé y Santa Tecla, el Ayuntamiento, el antiguo mercado transformado en Casa Bacardi y la Fundación Stämpfli de Arte Contemporáneo, además de otros edificios de familias acomodadas, conforman la fachada marítima más característica de Sitges que se conoce como Es Baluard.

Pero Sitges no es ni mucho menos un territorio sólo de museos y obras de arte. Los tres kilómetros de Paseo Marítimo y Paseo de la Ribera te dejan saborear el Mediterráneo entre un mar de palmeras y grandes torres de veraneo que la burguesía construyó a principios del siglo pasado. Es la imagen más aristocrática de Sitges que se mezcla con la moderna de restaurantes y bares. Para contemplar todo este ir y venir de la gente, nada mejor que sentarse en el Chiringuito, en medio del paseo, que desde el 1913 ofrece la posibilidad de hacer el vermut y disfrutar del ambiente.