Tossa de Mar

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La inconfundible silueta de la Vila Vella identifica la playa de Tossa de Mar y anuncia el inicio de un litoral accidentado en el que la Costa Brava empieza a ganar su nombre. Entre un mar azul intenso, su playa principal se configura en forma de semicírculo, mientras que varias calas se abren como auténticos refugios naturales entre cuevas y grutas muy apreciadas para la práctica de inmersiones submarinas.

El pintor Marc Chagall, que vivió en Tossa de Mar durante unos años, quedó prendado de los encantos de esta villa marinera y la bautizó como el “paraíso azul”. La definición sigue vigente hoy, ya que a pesar del aumento del turismo Tossa mantiene su encanto. Junto al antiguo recinto medieval amurallado de la Vila Vella, el pueblo se extiende entre callejuelas estrechas y entrañables rincones.

El término municipal de Tossa de Mar comienza en Cala Morisca; es una playa pequeña, protegida por rocas y acantilados. La amplia bahía de Llorell a poco más de tres kilómetros de la población, está formada por dos playas, la de Llevant y la de Garbí, que se encuentran separadas por la presencia de una roca. De aguas profundas cuentan con diversos servicios.

La playa más importante de Tossa es la bautizada como Playa Gran. Discurre paralela al Paseo Marítimo y sus aguas son limpias y profundas. Sus 400 metros de arenal, con el recinto medieval en un extremo, es una de las imágenes más fotografiadas de Tossa y de toda la Costa Brava. A levante sigue la playa de Mar Menuda, un rincón tranquilo con hamacas y duchas y a continuación, un sinfín de calas que se esconden entre acantilados rocosos tapizados de pinos que llegan casi a besar el mar. Es la imagen más idílica de la Costa Brava.