Montblanc

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Montblanc, la capital de la comarca de la Conca de Barberà conserva casi intacta la muralla que rodeaba la población en época medieval. En la estructura de las calles dentro del recinto amurallado, todavía se puede intuir el trazado de aquella época; también podemos ver numerosos palacios, la mayoría rehabilitados para usos públicos. La actividad de la villa ducal transcurre a lo largo de la calle Mayor que atraviesa la población desde el portal de San Antonio hasta la iglesia gótica de San Francisco. La plaza Mayor es otro de los lugares para captar el pulso de la ciudad, con las terrazas de los bares, el Ayuntamiento y los porches de Cal Malet, donde se conservan en piedra las medidas oficiales empleadas para medir el grano. Muy cerca de esta plaza se levanta la iglesia de Santa María la Mayor, un templo gótico del siglo XIV con una fachada barroca. Para contemplar una buena vista de la ciudad y su entorno, es necesario acceder al Pla de Santa Bárbara, situado al norte de la población, junto al interior de la muralla. Este cerro donde se construyó un castillo sobre un antiguo poblado ibérico, es de donde proviene el nombre de Munt-blanch.

Dentro de las fiestas destacables de la villa hay que mencionar la Semana Medieval por Sant Jordi, basada en una antigua leyenda que sitúa la lucha de santo con el dragón ante las murallas de Montblanc. Como estamos en tierra de calçots no debemos perder la oportunidad de degustar este producto tan típico de las comarcas tarraconenses y más concretamente, de la del Alt Camp. El calçot, es una cebolla tierna con una forma curiosa de cultivarla, cocinarla y comerla. A medida que crece se va tapando de tierra –calçant, de ahí viene su nombre- para que se mantenga tierna y blanca. Se consume en invierno, se cuece a fuego vivo normalmente con los sarmientos de la poda y se come untándola con una salsa denominada salvitxada (parecida al romesco) de la que cada cual guarda su particular secreto. La calçotada se convierte en una verdadera fiesta por la forma de engullir el producto y por el porrón de vino que corre de mano en mano.

Te recomendaremos la mejor masía para probar este producto. Hay que ponerse el babero. Seguro que al final, manos y cara tendrán otro aspecto.