Ripoll

En Ripoll vale la pena detenerse aunque sólo sea para admirar la portada de su monasterio, verdadera descripción de la Biblia hecha en piedra. La población, situada en la confluencia de los ríos Ter y Freser, fue un importante centro de producción industrial basada en los trabajos de forja. De esta actividad queda un interesante museo que además dedica buena parte de la exposición a etnografía de los Pirineos y una forja antigua –la Farga Palau- que se puede ver en funcionamiento.

Pero uno de los activos más importantes de la localidad es su monasterio, con una iglesia que se consagró en el 1032, muy modificada y rehecha en épocas anteriores. La portada es uno de los elementos más importantes. Trabajo esculpido en piedra en el siglo XII, relata numerosas escenas bíblicas y figuras de apóstoles. Otro elemento importante es el claustro de dos pisos cuyas galerías fueron construidas en los siglos XII, XIV y principios de XV. Los arcos están sostenidos por una doble columna con capiteles historiados.

Pero el monasterio de Ripoll conserva un fuerte significado histórico. Sus inicios hay que situarlos en el año 880. Fue el panteón de los condes de las dinastías de Cerdanya-Barcelona y Besalú, y conserva aún las tumbas de Guifré el Pilós (897), al que se le atribuye la leyenda de la creación de las cuatro barras de la bandera catalana, la del conde Ramón Berenguer IV (1162) y las de Bernat de Tallaferro y sus descendientes. Un fuerte terremoto en 1482 dejó el conjunto monástico en ruina. Rehabilitado, fue incendiado y expoliado en 1837 por lo que el conjunto que podemos ver en la actualidad, excepción hecha de la mencionada portada, está rehecho casi enteramente. De todas maneras su visita vale mucho la pena.