El Empordanet

El Empordanet que tan bien describió Josep Pla, es un territorio de suaves ondulaciones que enmarcan campos de labor, salpicado de pequeños pueblos que conservan el trazado medieval. Buena parte de las mansiones se han convertido en segundas residencias y no resulta extraño que en cada población encontremos algún restaurante especializado en la cocina tradicional que aquí lleva el subtítulo de “mar i muntanya”. Esta propuesta gastronómica tiene la virtud de mezclar en sus guisos los ingredientes del mar con las carnes y productos de la huerta. Así tenemos platos tan sabrosos y originales como el pollo con cigalas o langosta y las albóndigas con sipia por citar sólo un par de ejemplos.

En el aspecto monumental, Pals, Vullpellac, Peratallada, Ullastret, Torroella de Montgri, Monells, Cruilles, Begur y la Bisbal d’Empordà son ideales para pasear y husmear en sus calles en busca del producto típico o del monumento relevante. Por ejemplo Pals, edificado encima de un montículo, estaba totalmente amurallado. Actualmente se conserva parte de esta fortificación junto a los restos del castillo y la singular Torre de les Hores. Junto a ella el mirador bautizado con el nombre del insigne escritor Josep Pla. El casco antiguo restaurado en exceso, es una encrucijada de calles con rincones singulares, comercios, tiendas de recuerdos, etc. Todo y con ello es uno de los mejores núcleos medievales y está declarado conjunto histórico-artístico.

Peratallada es otro de los pueblos que mantiene el sabor medieval. Declarado también conjunto histórico-artístico conserva buena parte de la muralla que antiguamente envolvía la población. En el centro se levanta el castillo-palacio con numerosos ventanales románicos y góticos. Fuera de la muralla vale la pena visitar la iglesia de Sant Esteve, un edificio románico con dos naves rematadas por sendos ábsides. Toda la población pero sobretodo la plaza Mayor que conserva parte de los antiguos soportales, está repleta de restaurantes, hoteles con encanto, tiendas y todo lo que el viajero desea encontrar.

Otro núcleo interesante es Ullastret por dos razones: la primera por el pueblo en sí con unas murallas medievales muy bien conservadas y la segunda, por los restos del cercano poblado ibérico, el más grande de Cataluña. Situado en un altozano, las excavaciones han proporcionado mucha información sobre la relación de la tribu de los indigetes con los griegos de la cercana ciudad de Empúries. Podemos ver una parte de las murallas, la estructura de la ciudad y un museo con muchos de los objetos encontrados.

La Bisbal d’Empordà, además de ser la capital de la comarca del Baix Empordà, se la puede considerar también la capital de la cerámica, con una gran oferta de este producto avalada por un distintivo de calidad. En las tiendas que se alinean a lo largo de la carretera encontraremos todo tipo de cerámica popular, junto a otra más creativa que producen artistas locales. Los más interesados pueden acercarse al Terracotta Museu ubicado en una de las fábricas de revestimientos cerámicos. Además de la cerámica la Bisbal se distingue por las numerosas tiendas de antigüedades y su monumento más representativo es el castillo que se levanta en medio de la población, una obra de los siglos XI-XII del románico civil catalán transformado en un interesante museo. En el capítulo de los dulces hay que probar el rus y el bisbalenc, dos productos de pastelería que han alcanzado merecida fama.

Finalmente Begur es otra de las poblaciones que ha ordenado su casco antiguo hasta convertirlo en un agradable lugar para pasear. Coronado por los restos de su castillo, más que fortaleza el espacio es un prefecto mirador de la población y de toda la costa que se extiende hasta el Estartit y las islas Medes. Es precisamente en la costa donde Begur tiene uno de sus mejores valores. Un rosario de calas entre rocas tapizadas de pinos se alinean a cual mejor. Todas urbanizadas pero con un cierto decoro, conservan la imagen idílica de una Costa Brava que ha merecido los mejores calificativos. Aiguafreda, sa Riera, sa Tuna, Aiguablava y Fornells, de levante a poniente, son calas para disfrutar de los aires del Mediterráneo, tanto del sol, el mar y el sabor de la cocina marinera en los diversos restaurantes que se alinean junto a la playa.