Poblet

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Las viñas rodean este monasterio declarado en 1991 patrimonio de la Humanidad. Fue fundado en 1150 por Ramón Berenguer IV y por su magnitud se puede considerar el conjunto monástico habitado más grande de Europa. Poblet es todo un símbolo para Cataluña, no sólo por su importancia arquitectónica sino también porque desde el reinado de Pedro el Ceremonioso y durante los siglos XIV y XV, se convirtió en panteón real de los soberanos de la Corona de Aragón.

Después de un largo periodo de esplendor en que el cenobio recibió numerosas donaciones y privilegios por parte de la realeza, la guerra del francés primero y las guerras carlistas más tarde, llevaron la desolación a las paredes del monasterio que con la Desamortización de Mendizábal en 1835, cayó en un estado de abandono. Fue en una visita del rey Alfonso XIII en 1921, que prometió ayudas para la reconstrucción y la declaración de Monumento nacional. En 1930 comenzó la restauración y en 1940 volvió una comunidad de monjes del Cister que actualmente ocupa el recinto monástico.

La iglesia del monasterio, un edificio gótico de proporciones esbeltas es de libre acceso. Escuchar la comunidad durante sus cánticos de los Laudes o Vísperas, representa un verdadero alimento para el espíritu. El resto del monasterio se puede ver con una visita guiada. Destaca el claustro de los siglos XII y XIII, de una armonía y belleza fuera de dudas; el refectorio, austero, donde los monjes realizan las comidas en silencio acompañados por la voz del lector; la sala capitular, un espacio equilibrado soportado por columnas con arcos; el escritorio del siglo XIII, un bosque de palmeras con mucha luz y los diversos museos que explican la historia del monasterio.

En Poblet se pueden realizar diversas actividades como asistir a conciertos de música en verano, de su renovado órgano, ver su cielo estrellado mediante telescopios o degustar los vinos de la Abadía de Poblet ya que, en la entrada al recinto, se encuentra la bodega donde reposan los crianzas.