Barcelona gastronómica

Ciudad mediterránea por excelencia reúne el atractivo de las grandes urbes europeas con una ventaja, una buena parte de su patrimonio turístico es asequible a pie. El eje comercial que representa el Passeig de Gràcia con todo su legado modernista, se prolonga hasta el mar después de cruzar la Plaza de Cataluña, La Rambla o el Barrio Gótico. De un tirón podemos ir de compras en las mejores tiendas, descubrir cinco edificios modernistas catalogados Patrimonio de la Humanidad, visitar la catedral, los restos de la antigua muralla y las placitas que se esconden entre edificios históricos, extasiarse con el Liceo, el templo barcelonés de la ópera, empaparse con los aromas del Mercado de la Boqueria, uno de los más populares de Europa y terminar en el Port Vell al pie de la estatua de Colón.

Si nos apetece podemos subir hasta lo alto del pedestal y desde los sesenta metros de altura visualizaremos todo el recorrido que hemos realizado, además de una amplia perspectiva de uno de los puertos más activos del Mediterráneo. Y si en algún momento nos sentimos fatigados, los cafés Zurich o el de la Ópera nos recordarán aquellos establecimientos de época.

Así es Barcelona, la capital del modernismo y actualmente también de la tapa. Antiguos mercados y fábricas de tinte transformadas se atreven con las propuestas gastronómicas más creativas. En mercados centenarios rehabilitados con mucho gusto, podrás probar los productos que se venden en los puestos ya que junto a ellos, pequeños restaurantes ofrecen sus propuestas gastronómicas. Barrios como el Born, la Barceloneta y Gràcia unen, a sus peculiaridades urbanísticas, un sinfín de locales donde degustar el mejor pescadito frito, las bravas más sugerentes, pinchos creativos o platos traídos de distintas partes del planeta. ¡Y es que Barcelona es multicultural hasta en la gastronomía!

Pero Barcelona también es la capital del turismo de sol y playa, ya que los más de cuatro kilómetros de costa son una sucesión de playas de limpia arena, duchas, servicios, zonas deportivas y chiringuitos de diseño que si durante el día sirven para saciar la sed, llegada la noche se visten de glamour.

Si la fachada marítima después de las Olimpiadas del 92 se ha convertido en uno de los grandes atractivos de la ciudad, a su espalda las montañas no dejan expandirla. Con la declaración del Parque Natural de Collserola se ha preservado un espacio que corría el peligro de poblarse de cemento y ahora es paraíso de senderistas y ciclistas. Sólo el Parque de Atracciones en la montaña del Tibidabo es el único artilugio mecánico permitido y porque se trata de una atracción de época muy anterior a la protección. Y por cierto, el lugar desde donde se divisan las mejores vistas de la ciudad.