Lleida

Quién lo iba a decir que los caracoles se podía convertir en el plato tradicional de la cocina leridana. Guisados con su salsa o a la llauna, cocinados en una especie de sartén sobre fuego vivo y aderezados con sal, pimienta y hierbas aromáticas, son una verdadera delicia. Es un plato que se ha popularizado tanto, que no sólo se puede encontrar en los restaurantes de las comarcas leridanas sino también por toda Cataluña.

Pero no sólo de caracoles viven las tierras de Lleida. Otro producto típico son las coques de recapte. Cocas horneadas y aderezadas con todo tipo de ingredientes: escalibada, arenque, anchoas, atún, butifarra y todo lo que pueda pasar por la imaginación del obrador. Ideal comprarlas por la mañana en el horno del pueblo, para tomarlas a media tarde acompañadas de los vino de la D.O. Costers del Segre.

Atravesada por el río Segre cuyo cauce se ha convertido en un paseo verde, Lérida es una ciudad que acumula un legado histórico y artístico de gran valor que se manifiesta en monumentos de diferentes estilos. Desde restos romanos presididos por dos héroes míticos -Indíbil y Mandonio- que fueron los grandes caudillos de los ilergetes enfrentados a la ocupación romana, hasta construcciones medievales, pasando por otras más contemporáneas que incluyen casas de estilo modernista y arquitectura de vanguardia como el Auditorio Municipal Enric Granados o el edificio de la Llotja.

La calle Mayor reservada para peatones, es un agradable paseo flanqueado por establecimientos comerciales y edificios nobles y modernistas. El palacio de la Paeria, actual sede del Ayuntamiento, es uno de los más representativos de la arquitectura civil románica de Lleida. Otro edificio de interés es el antiguo Hospital de Santa María de estilo gótico-plateresco con un agradable patio interior. Actualmente el edificio es la sede del Instituto de Estudios Ilerdenses con diferentes espacios expositivos. Justo en frente se levanta la Catedral Nueva de un estilo a caballo entre el barroco y el neoclásico.

Esta es una pincelada por el casco antiguo, pero sin lugar a dudas, el espacio que más se identifica con Lleida es el Turó de la Seu Vella, cuya imagen de la que fue antigua catedral es visible desde todos los puntos de la ciudad. La Seu Vella (ss. XIII-XIV), de la que se pide su inclusión el Patrimonio de la Humanidad, es el símbolo de la ciudad antigua, un edificio románico-gótico que se alza sobre una colina desde donde se divisa toda la urbe y la huerta que la rodea. El perímetro amurallado más grande de Europa alberga el Castillo del Rey y la antigua catedral. El primero fue castillo de los musulmanes en el siglo IX y actualmente es uno de los conjuntos románico-góticos mejor conservado de Cataluña. Precisamente, ubicado en la sala real del antiguo castillo que a lo largo del tiempo ha vivido numerosos acontecimientos, se ha instalado el Centro de Interpretación de la Suda, un espacio que nos permite conocer la historia que ha vivido el edificio.

Muy agradable resulta las tardes de primavera y otoño, tomar un refresco en el bar de la Sibila situado en la terraza de la muralla, mientras el día nos deleita con las últimas