Trento

De gran atractivo histórico es la región de Trentino-Alto Adigio, dividida en dos zonas culturales netamente diferenciadas, la alemana y la italiana. La capital de esta segunda es Trento, principal puerta de entrada a la región de los Dolomitas y sede del célebre concilio eclesiástico del siglo XVI. Sus palacetes con portones de mármol y sus elegantes plazas evocan el mundo refinado del Renacimiento.

En torno al año 1000, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Conrado II, creó el principado obispal de Trento y la ciudad fue durante mucho tiempo un centro religioso de notable importancia. Tanto es así que aquí tuvo lugar el famoso Concilio de Trento, que dio origen a la Contrarreforma. Fue precisamente en el siglo XVI el siglo de oro de Trento, gracias a algunos obispos que promovieron la construcción de nuevos edificios e iglesias.

Trento, la denominada splendidum municipium por el emperador Tiberio, es una ciudad tranquila, asentada a orillas del río Adigio, que invita a conocer sus tesoros artísticos sin prisas. El mejor paseo es el que conecta la plaza del Duomo y su catedral del siglo XIII con el Castillo del Buonconsiglio, visitas ineludibles. En los turbulentos años de la Contrareforma se celebró aquí el Concilio de Trento (1545-1563), punto de partida de la Contrarreforma de la Iglesia católica, que condenaba la insolencia de los protestantes.

El centro histórico guarda calles y edificios del siglo XVI, con una fuerte huella de monumentos medievales y renacentistas que se ubican, sobre todo, alrededor de la Plaza del Duomo. Sede de una importante universidad, Trento es una ciudad llena de jóvenes que ofrece la vida típica de ciudad universitaria. Eventos culturales, exposiciones, conciertos, readings y aperitivos están al orden del día. La ciudad la podremos también disfrutar paseando al atardecer por las orillas del río Adigio, el segundo río más grande de Italia (tras el Po).