Castillo Imperial (Kaiserburg)

Un pequeño paseo nos lleva al castillo Imperial, que no pasa desapercibido, ya que domina el skyline de la ciudad. El castillo es el emblema de Núremberg y sobresale de forma mágica entre el casco antiguo de la ciudad.

Diseñado como centro político y militar y uno de los palacios imperiales más importantes de la Edad Media, sigue siendo el principal monumento histórico de la ciudad. El nombramiento de Núremberg como ciudad imperial la puso bajo el control directo del emperador y, por ello, disfrutó de numerosos privilegios.

El castillo, que domina la ciudad, nunca ha sido una residencia. En su interior no existen ni habitaciones, ni apartamentos privados para la familia real; por lo que sus puertas solo se abrían cuando el emperador estaba en la localidad. Pero las insignias imperiales (el cetro, la corona, los vestidos reales y las reliquias) tenían que estar en Núremberg. Fue en el año 1700 cuando Napoleón se las llevó a Viena y allí se quedaron hasta que Hitler las trajo de vuelta a Alemania. En la actualidad, en la ciudad franca solo es posible admirar una copia expuesta en el Ayuntamiento ya que, después de la Segunda Guerra Mundial, las insignias del imperio regresaron a Austria.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Núremberg fue reconstruida completamente siguiendo su trazado original, utilizando para ello materiales de aquella época; razón por la cual muchas de las piedras que constituyen las murallas son negras porque se quemaron durante los bombardeos. Este es un detalle arquitectónico muy importante y que todos aquellos que visiten Núremberg tendrían que tener presente, porque revisten a la ciudad de toda su historia, de su dolor y de su pasado, ya que la reconstrucción borró todo lo demás. No se puede dejar de visitar el museo, el palacio (con las dependencias en las que hacía la vida el emperador), la doble capilla románica, el foso y la torre de Sinwell; así como el jardín vecino, denominado del Alcalde. Tal vez no sea muy grande pero es un bello contraste frente al ajetreo de la ciudad, lo que lo convierte en un lugar muy popular entre sus habitantes. Es un placer pasear por los espléndidos jardines de este idílico parque, donde el silencio solo se ve interrumpido por el trino y el gorjeo de los pájaros y los grillos. Además, es el único lugar en el que la muralla del castillo es accesible al público. Parece sacado de un cuento de hadas y tiene cierto aire mágico. Puertas, estatuas, bancos y escaleras de piedra flanquean la sinuosa avenida y, desde una galería de piedra, podrá disfrutar de una vista increíble de Tiergärtnertorplatz y la casa de Durero.