Zagreb

Zagreb, devastada en 1242 por los tártaros, es hoy en día una urbe de influencias vienesas que exhala magia por todos sus rincones. La ciudad actual se desarrolló entre los siglos XI y XIII a partir de dos núcleos gemelos, Kaptol y Gradec, uno alrededor de la catedral de San Esteban y otro con la iglesia de San Marco como centro. En el primero se instalaron los clérigos y en el segundo los artesanos, algo que aún podremos notar paseando por su casco antiguo.

Zagreb es la capital de Croacia desde 1557 y a la vez el corazón político, económico y cultural del país. Centroeuropea hasta la médula y original hasta en sus museos, la capital croata esconde muchas sorpresas. Situada entre la costa adriática y Europa central, y con poco más de un millón de habitantes, mantiene vivo ese encanto medieval, especialmente en su casco histórico, que ha resistido a las diferentes guerras en las que se ha visto inmerso el país, especialmente en el último siglo. Aunque es una ciudad grande, se debe visitar a pie, pues todo lo importante está a mano, especialmente las dos ciudades que se distinguen en ella: la Baja (Donji Grad) y la Alta (Gornji Grad), que es la más antigua y la que concentra las iglesias y los edificios más emblemáticos, entre escaleras pintorescas, callejones, jardines y plazuelas.

Pasear por su concurrida calle Tkalčićeva, zona de ambiente juvenil llena de terrazas y cafés —la que en otro tiempo separaba Kaptol y Gradec, las dos poblaciones que dieron origen a Zagreb—; recorrer todos sus rincones importantes; contemplar la panorámica desde la montaña Medvednica; ir de compras por Ilica, su calle más comercial; probar su gastronomía, con tantas semejanzas con la española, o cruzar una y otra vez su animada plaza Josip Jelačić para ver cómo late el corazón de la ciudad, son algunos de los entretenimientos para tomarle el pulso a Zagreb.