Cancale

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Este bonito puerto se saborea tanto con la vista como con el paladar. Elegido lugar destacado del buen comer, Cancale es conocido desde hace tiempo por sus ostras y mariscos. Estas delicias yodadas se aprecian mejor admirando la maravilla del Mont Saint-Michel elevándose en medio de la bahía. Cancale nació de una concha, como Venus. Ya los romanos comieron ostras aquí. El lugar adquirió rango de ciudad proveyendo a la corte real cestas de mariscos… y marineros. En el siglo XIX, los marineros zarparon hacia Terranova y dejaron a sus esposas a cargo del pueblo. De esa época procede la franqueza y la honestidad que caracterizan a las cancalesas del barrio antiguo, sobre todo del puerto de la Houle y de las pintorescas calles de atrás, adosadas al acantilado. En la ciudad alta residían los armadores. Las idas y venidas de los barcos, el trabajo de los ostricultores y el ritmo de las mareas animan continuamente el puerto y sus espigones. Con la marea baja, los ostricultores cuadriculan un paisaje de 366 hectáreas. La ostra de Cancale es característica por su sabor, derivado de la riqueza del plancton de la bahía del Mont Saint-Michel. Podrás comprobarlo compartiendo un plato sentado junto a los puestos del mercado de ostras. O si lo prefieres, en uno de los múltiples restaurantes que bordean los muelles. Son todos muy pintorescos, de trato cordial y de decoración especial: algunos usan troncos de madera como taburetes, otros tienen un mascarón de barco como barra… Además de las ostras, todos ellos ofrecen fuentes de mariscos del todo recomendables y a un precio razonable.