Fougères

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Fougères fue una ciudad-fortaleza clave en la lucha por las fronteras de Bretaña. Al llegar a la localidad, una impresionante silueta de granito domina la ciudad; se trata de la mayor fortaleza de Europa, bajo la cual se extienden las calles adoquinadas y las casas medievales construidas en prominencia, que no han perdido un ápice de su encanto original. Pasear por las calles del casco viejo es muy agradable por sus terrazas de bares y cafés y sus casas medievales de entramado de madera que recuerdan la riqueza pretérita de la localidad. Erguido sobre un peñasco de esquisto, el castillo, edificado entre los siglos XII y XV, intimida al más incrédulo. Con sus trece torres cubre una superficie de dos hectáreas y sus fortificaciones, antaño rodeadas de agua, han sido restauradas por completo. Si sigues el camino de ronda, podrás disfrutar de unas bonitas vistas de las murallas y de los jardines de la ciudad. El castillo de Fougères es la fortaleza más grande de Europa y está situado en un promontorio rocoso rodeado de marismas. Un recorrido por el patio y las tres torres te sumergirá en la Edad Media para que descubras la rica y tumultuosa historia de esta fortaleza situada en el corazón de la Marca de Bretaña, su construcción y su papel en la defensa del ducado de Bretaña. Fougères también es sinónimo de numerosos espacios verdes, como el jardín público que corona el barrio medieval alrededor de la iglesia de Saint-Sulpice o las dos hectáreas de Val Nançon a las que se accede desde el castillo por la callejuela de Vaux. Y si te gustan los jardines temáticos, el Parque Floral del Châtelier es ideal.