Saint-Malo

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Viajar a Bretaña es dejarse llevar por el último rincón de la tierra que dio cobijo a la civilización celta. La península bretona es tierra de paisajes y acantilados que se vuelcan sobre el mar pero también tierra de historia, de antiguos puertos y de pueblos de interior y ciudades del arte cuyos habitantes han restaurado su belleza original. Saint-Malo, el tesoro de la Costa Esmeralda, es la antigua ciudad de los corsarios. Cuando sube la marea es todo un espectáculo de fuerza y belleza. Nos permite visitar la abadía gótica del Mont Saint-Michel, mecida por el mar. Piedra a piedra se levantó este inmenso santuario en el cual el mar se adentra dejándolo aislado de la tierra, como una isla mística. Hoy es Patrimonio de la Humanidad. Playas y acantilados, residencias de verano y castillos abandonados son parte de este paisaje verde cargado de tradición y leyendas.