Cannes

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La actualmente conocida y mediática ciudad salió de las tinieblas de la historia en la Edad Media pero de forma muy humilde. Realmente, hasta la Edad Moderna, en mitad de las guerras franco-españolas y franco-inglesas, la ciudad no cobró cierta importancia, especialmente a raíz del apetito de las potencias enemigas hacia las islas de Lérins. En el siglo XIX el canciller de Inglaterra, lord Henry Brougham and Vaux, se instaló en Cannes, dando comienzo a un apogeo que hará de esta una ciudad balneario llena de aristócratas en busca de saludables climas. En esa época hubo una gran actividad constructiva para acoger en invierno a tan ilustres huéspedes. Gracias a la aristocracia, el litoral de la Costa Azul y de la Riviera italiana fue ganando paulatinamente un prestigio y un desarrollo desconocidos hasta la fecha. Pero Cannes sobresalió por encima de todas las demás ciudades gracias al renombre internacional que el Festival de Cine le otorgó en el siglo XX. El mes de mayo, Cannes pasa a convertirse en el centro de atracción mundial gracias a su prestigioso festival, al que acuden las estrellas más rutilantes del séptimo arte. Ahora ya no son los aristócratas, refugiados posiblemente en Mónaco, sino los actores, escritores, pintores y, sobre todo, los famosos quienes la invaden, año tras año. Si paseamos a pie, lo mejor es dividir el recorrido en dos partes. Primero vamos a la ciudad vieja, coronada por el castillo y la Tour de Suquet. Y tras descender por las callejuelas del barrio hasta el puerto, comprobamos el gran contraste entre ambas zonas. Por todo el Boulevard de la Croisette vemos continuamente gente bronceada vestida con los últimos modelos de los diseñadores más renombrados. Todo un espectáculo.