Abadía de Sénanque

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Si te acercas a esta abadía en verano, se extenderá ante sus ojos un inmenso tapiz morado de flores de lavanda que a lo lejos se confunde con el color del cielo. Podrás disfrutar así de los paisajes más característicos de la Provenza, espectacular entre julio y agosto cuando los campos sembrados de lavanda estallan en flor. Activa tus cinco sentidos y adéntrate en el jardín de Francia. En las cercanías de Gordes se levanta la abadía cisterciense de Sénanque, un imponente edificio románico que encontrarás en el valle de Sénancole. A su alrededor un mar azul de lavanda suaviza su perfil con una estampa digna de los cuentos de hadas. Se construyó en el siglo XII por la orden del Císter y no hace mucho que los monjes han vuelto a ocupar sus celdas austeras para convertir la lavanda en aceites esenciales y jabón y producir una miel de abejas a la que es difícil resistirse. Esta abadía, situada junto a un pie de monte de color grisáceo y rodeada de robles y espliego, resulta curiosa por las diferentes tonalidades que toma la piedra caliza de que está hecha a medida que avanza el día, con una gama que oscila entre el gris y el amarillo intenso. Se puede visitar todo el complejo, recogerse en la quietud y la serenidad del claustro o el refectorio y zambullirse en el bullicio de su concurrida tienda.