Monaco

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El Principado de Mónaco es un enclave ciertamente curioso. A pesar de ser el segundo país más pequeño del mundo, es también el que mayor densidad de población registra y el más edificado de Europa. Mónaco no es miembro de la Unión Europea pero está muy vinculado a ella a través de la unión aduanera con Francia, por lo que comparte la misma unidad monetaria, el euro, y ha obtenido el derecho a acuñar monedas de euro con diseños monegascos en su cara nacional. El Principado de Mónaco es hoy uno de esos micro-estados que subsisten de forma arcaica dentro de la Europa unida. Su caso es bastante similar al de Andorra, Liechtenstein, San Marino o la Ciudad del Vaticano. Las casualidades históricas, las rivalidades, los han dejado a un lado en el devenir europeo. Mónaco es una Monarquía Constitucional, aunque solo desde 2005. Y lo es de una forma bastante particular ya que el Ministro de Estado, el equivalente al primer ministro, puede ser francés y el gobierno francés debe dar el visto bueno. La dinastía de los Grimaldi ocupa el poder desde 1297, fecha de su independencia, lo que sitúa a Mónaco como uno de los países más antiguos del mundo y a su Casa, como una de las más longevas. Mónaco es también uno de los países más pequeños del planeta, apenas dos kilómetros cuadrados. De hecho el país está formado por un único municipio enclavado en la Costa Azul, entre Cap-d’Ail, Beausoleil, La Turbie y Roquebrune-Cap-Martin, a solamente una veintena de kilómetros de Niza. El principado cuenta con tres distritos: Ciudad de Mónaco, que es el centro político, turístico y empresarial; La Condamine, ubicado al oeste del estado, que es el distrito económico e industrial de Mónaco; y Montecarlo, donde se encuentra el famoso Casino. A las puertas del Principado nos desviamos por el Boulevard du Jardin Exotique para dirigirnos hacia Mónaco-Ville, donde está la Place du Palais y el palacio del Príncipe y, muy cerca, la catedral.