Saint-Paul-de-Vence

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Cerca de Niza, a veintiocho kilómetros tierra adentro, se encuentra Saint-Paul-de-Vence, una entrañable localidad rodeada de campos y viñedos que, situada en una colina, ofrece numerosos rincones con vistas excepcionales y un estilo de vida tradicional y relajado, un poco alterado en verano. Es posible que cuando pasemos por la zona del Café de la Place (Place de Gaulle), al lado de las murallas, estén jugando a la petanca, un juego muy enraizado en toda la Provenza. Saint-Paul-de-Vence es considerado como uno de los pueblos más bellos de Francia. La particular reputación de la localidad se debe, sobre todo, a su belleza, ya que es un pueblecito de piedra cuidado y restaurado. Situado en lo alto de una colina, en pleno entorno provenzal, se halla muy cerca del mar Mediterráneo (a tan sólo siete kilómetros), con un clima cálido. Todos estos atractivos han hecho que se convirtiese desde finales del siglo XIX en el destino preferido de muchos artistas como Matisse, Renoir, Miró, Yves Montand o Cocteau. La tradición artística de la comarca ha hecho que en Saint-Paul-de-Vence se instalen numerosas galerías de arte y muchos pintores o escultores. Descubriremos durante la visita un entorno cuidado que hace que cada calle, cada recoveco y cada pared sea un monumento en este pueblo amurallado que es un museo en sí mismo. Una visita obligada en este pequeño pueblo de la Provenza es la Fundación Maeght, aunque también nos daremos una vuelta por el entramado de calles que conforman su centro histórico.