Amsterdam

La mayoría de las ciudades del mundo están concebidas para los coches, a los que se dedica la mayor parte del espacio público. En Ámsterdam hay coches, sí, pero los tranvías, los peatones y los ciclistas son los amos de la calle. Predominan las calles peatonales y las amplias aceras, abundan los carriles-bici, hay numerosos espacios verdes y, para redondear la estampa, están los preciosos canales. Gracias a esto se percibe, sólo llegar, la escasa contaminación acústica en comparación con cualquier otra gran urbe. Ah, por cierto, en Ámsterdam también hay grandes museos que albergan algunas de las más importantes colecciones del mundo, pequeños museos de curiosidades, bellos edificios del siglo XVII que flanquean los canales, bonitas iglesias con altos campanarios que ofrecen buenas vistas sobre la ciudad, una ajetreada zona portuaria, tiendas de diamantes, animados locales nocturnos, divertidas casas flotantes y otros atractivos turísticos que el visitante descubrirá tranquilamente durante sus paseos. Los canales, verdaderas arterias de la ciudad, están flanqueados por cientos de árboles, edificios de los siglos XVI a XVIII con bellas fachadas y, como es el caso del canal Singel, un exuberante mercado de flores. Son más de cien y fluyen por debajo de unos mil puentes. Observar la ciudad a bordo de las barcazas que surcan estos canales es una actividad muy recomendable para cualquier turista, aunque también existe la alternativa de alquilar un pedaló y perderse en el laberinto acuático de la ciudad.