Pompeya

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A través de la Puerta Marina entramos en uno de los yacimientos arqueológicos más famosos del mundo. Fundada en el siglo V a.C. por los oscos, Pompeya se enriqueció con las influencias de griegos y etruscos. Tras el dominio sannita, cayó bajo el poder de las tropas de Sila en el año 89 a.C., convirtiéndose en un municipio romano. En el momento de la erupción del Vesubio, el 24 de agosto del año 79, su población alcanzaba los 15.000 habitantes. Una capa de cenizas de siete metros de altura enterró la ciudad y, paradójicamente, la mantuvo viva para nosotros. Perdida durante siglos y descubierta en tiempos de Carlos III, es, sin duda, la ciudad mejor conservada del Imperio romano. Pompeya inquieta porque sus calles adoquinadas no dan la impresión de estar paseando por lo que entendemos como ruinas, es como si sus habitantes hubieran abandonado la ciudad minutos antes. Las excavaciones han aportado una documentación excepcional para conocer el estilo de vida romano. El sistema de alcantarillado y las conducciones de agua indican la técnica y el refinamiento alcanzado. Las calles, trazadas en cuadrícula, reúnen termas, templos, el foro y otras dependencias, así como espacios públicos y privados.