Monte Etna

El monte Etna es el volcán activo más alto de Europa y el símbolo más conocido de Sicilia. En días claros, sus laderas permiten obtener panorámicas inigualables de buena parte de la isla y descubrir el paisaje casi extraterrestre de sus cráteres es una experiencia imprescindible. Casi a sus pies, en la costa oriental de la isla, se encuentra el maravilloso enclave de Taormina, elegante destino de veraneo de artistas durante el siglo XX. Dominando la isla de Sicilia con sus 3.342 metros, el Etna fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Morfológicamente es una gigantesca mole que ocupa una gran extensión de la parte este de la isla. Sus laderas propiamente dichas empiezan a alturas variables entorno a los 1.000 metros, reconociendo una típica forma de cono truncado con pendiente moderada. A 2.500 metros de altitud, donde la pendiente se suaviza, aparecen numerosos conos modernos. Más arriba, desde los 2.900 y hasta los 3.250 metros, la pendiente se hace más abrupta: se trata del edificio somital, un enorme cono y varios cráteres con permanentes humaredas. Las erupciones del volcán Etna durante el siglo XIX terminaron con la formación de un cráter de derrumbe, que actualmente posee un diámetro de tres kilómetros y medio. En el año 1669, durante este ciclo, las coladas destruyeron parte de la ciudad de Catania, situada al sur en la base del volcán. Otra erupción muy destructiva fue la de 1928, cuando la lava alcanzó las proximidades de la costa y destruyó el pueblo de Mascali.