Monreale

Monreale, situado a once kilómetros de Palermo, es un punto de visita obligado. El monasterio benedictino, la majestuosa catedral y el claustro suponen la culminación del arte arabo-normando en Sicilia. Situada sobre el denominado Mons Regalis, en la que fue una finca de caza de los reyes normandos, hallamos la catedral de Monreale. Bajo la excusa de un sueño-visión en el que encontraba un tesoro oculto por su padre, el rey normando Guillermo II llevó a cabo la construcción de una de las catedrales más bellas de Europa. Tras la conclusión de las obras, el edificio fue terminado en diez años, la catedral de Monreale se convirtió en el edificio normando más importante de Europa, al tiempo que significó una simbiosis de la aplicación de las corrientes artísticas árabes y europeas, conjuntando los mosaicos medievales más grandiosos de toda la Edad Media. La sublimidad de la obra no es apreciable desde el exterior, aunque para las puertas de bronce (1186) se recurriera a Bonanno de Pisa —autor de la famosa torre homónima—, quien retrató en 46 paneles escenas del Antiguo y el Nuevo Testamento. Los claustros, a los que accederemos desde fuera de la catedral, son parte del monasterio benedictino adosado a la catedral. Los arcos porticados contienen 228 columnas elaboradas por albañiles borgoñeses y provenzales, y ofrecen una rica decoración basada en capiteles románicos del siglo XII e iconografías que combinan lo religioso con lo pagano, los elementos clásicos y la mitología popular.