Venecia

Cuando uno llega a esta ciudad y emboca el Gran Canal, descubre que Venecia es distinta a todas. Bella entre las bellas, Venecia es una ciudad única. Es Oriente y Occidente, un mundo entre la realidad y la magia, que regala ya en su primera vista una belleza impactante. Las siluetas de las góndolas balanceándose en el muelle, los arcos entrelazados del palacio Ducal, las líneas difuminadas del Campanile y los bulbos bizantinos de la basílica de San Marcos crean una estampa difícil de igualar. Venecia es puro romanticismo. Recubierta de agua por todas partes, la mayoría de sus antiguos palacios continúan revestidos de sus materiales originales; es por eso que imaginarse tiempos pasados es más sencillo y más hermoso que en cualquier otro lugar. Desde el primer momento se comprende por qué Byron, Goethe y Tolstoi encontraron en Venecia el apogeo de sus sueños y por qué hubo incluso quienes, de tanto amarla, se quedaron hasta morir en su húmedo abrazo, como Wagner, Strawinski, Diaghilev, Ezra Pound o el diseñador Fortuny. Situada en medio de la laguna formada por las desembocaduras de los ríos Po y Piave, el centro histórico de Venecia está formado por 118 pequeñas islas con más de cuatrocientos puentes que las unen y forman un único territorio, dividido en seis antiguos distritos administrativos o sestiere, tres a cada lado del Gran Canal. El de San Marcos, con la majestuosa basílica y el elegante palacio Ducal, es uno de los lugares con más turistas y el más caro de la ciudad. Al norte de San Marcos está el de Cannaregio y al este el de Castello; ambos son barrios residenciales, tranquilos e interesantes de ver. En el otro lado del canal Grande se hallan los de Dorsoduro, Santa Croce y San Polo; este último es el más vivo y comercial en esta parte del canal.